lunes, 22 de diciembre de 2014

Mis figuritas antiguas

Figuritas



Esta colección de figuritas perteneció a mi madre, Norma Oranías y guarda muchas historias.

Algunas las recordamos, otras, las cuentan ellas mismas con sus manchas, roturas e inscripciones, pero sin duda, la mayoría de los recuerdos se atesoran en la memoria de esos papeles, ajados por el tiempo, como secretos ocultos bajo el velo del olvido de quienes, estén o no, las tuvieron en sus manos.




¿Qué nos cuentan?

Nos cuentan escenas y personajes de las primeras décadas del 1900.
Podríamos imaginarlas en manos de las niñas de la época, arriesgadas cada domingo entre hermanas o primas, después de la ¨escondida¨ o de la ¨soga¨.
Una vez en casa, mientras mamá preparaba la cena, serían repasadas de nuevo, junto a los lamentos de las ausencias y los festejos de las nuevas, de aquella colección atesorada, probablemente, entre organzas y puntillas o almidones y plumetí, en alguna caja forrada con tela bordada a mano.


 















Pero ¿Cómo se jugaba a las figuritas?

Las opciones eran a ¨cara o seca¨ o ¨arriba o abajo¨. 
Ambos juegos  se realizaban con la ayuda de un cuaderno de tapa dura en los que se las colocaba. Los angelitos eran los más valiosos ya que traían suerte, por lo cual no se cambiaban casi nunca o en todo caso, se canjeaban por otro angelito o por más ejemplares.

También existían los canjes por tamaño (una grande por dos chicas) y por calidad (papel fino por papel fino) y durante el juego no faltaba nunca la tramposa que en la versión ¨arriba o abajo¨no colocaba ninguna figurita, (ni en la tapa ni en la contratapa), por lo tanto era común que cuando la compañera perdía hubiera que mostrar que efectivamente la figurita estaba en la otra tapa.
Las tramposas se echaban fama de tales, en consecuencia nadie quería jugar con ellas, y las escenas de llantos y reclamos a las madres era moneda corriente.





Los lugares de juego habituales eran los recreos de escuela, las veredas de los barrios o dentro de las casas.





Si las analizamos con ojos actuales podemos deducir que ninguna responde a fotografías sino que fueron hechas en base a impresiones de dibujos resueltos a mano. Impensado para estos tiempos, todas ellas son copias de ilustraciones resueltas por expertos, con diferentes técnicas, que supieron retratar la cultura de ese entonces, los valores de la época y las enseñanzas que se querían imponer especialmente a las niñas.




Tamaño original: 6 x 7,5 y 12 x 17 cm.



Así es como nacieron, proyectadas por un imprentero, ideadas por artistas, impresas por talleres gráficos y distribuidas en los comercios del ramo; fueron concebidas para el público femenino infantil que entretenía su niñez llena de tiempos y de prisa para crecer rápido y llegar a ser grandes, como las señoritas de los cuentos.
Pero ¡Qué lento pasaban los años!


Tamaño original: 6 x 7,5 cm.




Entre esas manos, estuvieron las de mi madre que como todos los niños, las jugaba, las perdía, las ganaba, y en ese ir y venir, se fueron sumando en esta serie que años más tarde pasaron a las mías.



                                 














Tamaño original: 4 x 6 cm.  




Sin embargo, antes de dar por concluido el análisis, podemos escudriñar más aún en aquello que nos cuentan, si en lugar de ver los anversos, estudiamos los reversos.

Allí podemos encontrar nombre escritos con caligrafía de niño.
En muchas de ellas leemos Norma Oranías, en otras tantas Haydeé, unas cuantas dicen: Marta, y así siguen apareciendo algunas que llevan escrito: Teresa Celia Prado, Rosa Ester Sanchez, Beatriz, Gloria, Alicia de Pérez, Doña Susy, Lidia, Elsita, Azucena, Mercedes, Elisita, Nilda, Quiroga, Gonzalez, Broszezuk y sólo una con el nombre de Mirta Oranías.

También aparecen algunas compartidas: Abel y Carlitos, y Alicia Irene López Martí y Etel Elba López.

Y como dato curioso también aparecen los nombres: Aida Vazquez 1945, Ethel Elba López 1944 (esta vez con ¨h¨ intermedia) y Juanita Rogala 1949,  como únicas figuritas fechadas.

Seguramente, estos nombres no signifiquen nada  para la mayoría de los lectores de este blog aunque para mi madre sean un pasaporte al pasado, lleno de caras, escenas y situaciones de inmensa riqueza, pues la maravillosa experiencia de nuestra vida como individuos  hace que la magia de la memoria pueda dispararnos un mundo o simplemente, nada.



                                                                                 Tamaño original: 12 x 17 cm.



Lo que sí podríamos preguntarnos todos es:

¿Cuánto tiempo habrá dedicado Haydeé a esas figuritas?
¿Cuántos ratos Mirta habrá fijado la vista en aquel perrito?
¿Cuántas tardes habrá pasado Norma contando las figuritas que integraban la colección, deteniéndose en aquellas que llevaban su nombre, rubricando las nuevas, observando especialmente a la de las rosas, prodigando especial cuidado a aquellas de “papel fino” y ordenándolas con esmero?





Y a mí ¿qué me significan?

Cuando las figuritas llegaron a mis manos, las guardé en una caja de bombones, ordenadas por tamaño, envueltas por grupos, en papel metalizado.
Como las cuidaba con recelo, no eran de uso frecuente, no sé si por el amor que mi mamá me trasmitía hacia ellas o por mi afición a todos los objetos antiguos que guardan historias y tradiciones. Aunque de ninguna de las dos cosas era consciente. El asunto era que me conectaba con ellas de vez en cuando, para observarlas, sobre todo en las tardes de lluvia, y era aquel cuando el momento se volvía mágico, cuando jugaba a comprar y vender y las distribuía sobre la mesa de la cocina mientras mi mamá elegía cuales quería comprar.


                                                                                   

                                                                                  Tamaño original: 6 x 7,5 cm.



También me retrotraen a las tardes en las que las copiaba y las pintaba con mi padre, Ovidio. Y elegía las de paisajes, las más pequeñas, y dan testimonio de ello las que tienen escrita una cuadrícula con lápiz, para guiarme la copia.
De esas tardes guardo el olor a los óleos, de aquellas pinturas sobre hojas Canson que tardaban días en secarse para luego ser encarpetadas a la espera de que alguien las quisiese ver, como mis tías, mis abuelos o tal vez, el tío Arturo, que ha decir verdad, era el que más las disfrutaba.



  Tamaño original: 2,7 x 4 cm




Esta colección no nos dicen mucho más, aunque podríamos inventar cientos de historias con niñas como protagonistas, disfrutando del presente e imaginando un futuro de princesa, ideal y tan irreal como las escenas de estas figuritas.


      Tamaño original:12 x 17 cm.




Las imágenes no tienen derechos de autor por lo tanto son de uso libre.


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